sábado, 9 de abril de 2011

Aunque fuera un regalo.

Si me ofrecieran bautizar una calle con mi nombre, no aceptaría.
No aceptaría por un motivo bien simple: no quiero perder mi identidad.
No quiero convertirme en un nombre en mapcity, punto de encuentro, dirección, lugar de primer beso, asesinatos, regalos, paseos. No me gustaría para nada que la gente me pisoteara y menos que no supieran ni quien soy.
Es por eso que me compadezco de tantos hombres y mujeres que donaron sus nombres (con o sin voluntad, lo hicieron igual) a nuestra ruidosa ciudad, porque ya no son ellos, sino son otros. Aunque quizás, un niñito le pregunte a su mamá cuando vayan pasando quién era María Ignacia, no aceptaría. Me gusta ser persona y no calle.

No hay comentarios:

Publicar un comentario