domingo, 18 de marzo de 2012

En París, o en Costa Rica.

Quizás nunca nos volvamos a encontrar. Quizás mañana no nos conozcamos y los que caminen en nuestros cuerpos sean otros. Quizás pasado mañana no queden vuelos a París ni a Costa Rica, y las responsabilidades, no me dejen partir. O quizás en la aduana me digan que aunque haya pagado el pasaje completo, Federico no se puede ir sentado conmigo, y menos sin cajita abajo de tus pies.

Quizás mañana sea otro día, o quizás, también, una repetición ridícula de hoy, un día con calorcito y sol, que de todos modos me tenía las manos heladas, porque pucha que está haciendo frío. Quizás mañana me vaya pésimo en el control de genética, o atropelle a alguna mamá hormiga que iba cruzando la calle en busca de alimento para sus hijos. Y así podría seguir con la lista infinita de "quizás" que, como sabes bien, tengo siempre a mano en mi mente. Digo, para no volverme loca pensando y enumerando en un block las miles de posibilidades que caben en un instante, en el instante en que siempre elijo la peor, la que me da pena, la que me hace llorar. Quizás mañana entienda que nos queda la esperanza, o quizás me quede atrapada en un sueño, abrazada al Federico. Que, por cierto, se ha estado portando pésimo.


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