Basquetbolistas, viejos siúticos paseando a sus perros siúticos, trotadores, ciclistas, tenistas, y yo...
Sentada en una banca escribiendo en mi libro de Cortázar con un lápiz fucsia, escribiendo como si fuera él, como si fuera yo, como si entendiera lo que escribo. Tiñendo de fucsia las hojas amarillentas, tiñendo de palabras sin hilo las palabras elaboradas impresas en negro. Frapuccino fucsia en mano, si vieras, es una imagen perfecta. No hace frío ni calor, corre el viento justo, son las seis de la tarde y está todo en un agradable silencio. Que cómoda imagen, ganas de meterse al cuadro y disfrutar del frapuccino de té verde y frambuesa, de rayar el libro, de respirar el sweet summer air. Que hermosa paz...
Paz que no siento porque tengo un oído tapado, silencio que no disfruto porque hay ruido, hay tanto ruido. Palabras que vomito, inútiles, en mi INÚTIL intento por encontrarme. Que cosa más ridícula en todo caso, ir a otro lado, a un lugar con paz para encontrarse, ridícula porque no me resultó.
Entonces me fui a la carretera, a 90 km/hr, Santiago donde me escondiste? La Concepción, Purísima, Recoleta, Bellavista, se me desordenan las salidas, me pasan los autos y no me encuentro, subo el volumen y mi iPhone tampoco me esconde en sus melodías y archivos almacenados. 5 Sur? tampoco. Mi ex pololo tampoco me tiene en su casa... sigo buscando y tampoco estaba envuelta entre los libros que me tenía mi papá de regalo. No estaba la farmacia, no estaba en el sushi, en mis barrios, en el ramen...volví a la carretera, volví a casa...y todavía no me encuentro. Te maldigo, adicción a los besos con lengua.
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